Existen dos formas principales de esta infección. El impétigo no ampolloso es el más común y se caracteriza por las típicas costras superficiales. Por otro lado, el impétigo ampolloso presenta ampollas más grandes llenas de líquido, que pueden romperse con facilidad. Aunque ambos tipos requieren atención, el tratamiento suele ser efectivo si se inicia de manera temprana.
Las causas del impétigo están relacionadas con diversos factores. La higiene, aunque importante, no es el único elemento determinante. También influyen condiciones como el clima cálido y húmedo, la presencia de lesiones previas en la piel, el contacto cercano con personas infectadas y ciertas situaciones que afectan el sistema inmunológico. Incluso actividades cotidianas como rascarse una picadura pueden facilitar la entrada de bacterias.
El diagnóstico generalmente se realiza mediante la observación clínica por parte de un profesional de la salud, quien puede identificar las características típicas de las lesiones. En algunos casos, si existe duda, se pueden realizar estudios adicionales para confirmar el tipo de bacteria involucrada.
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