Uno de los aspectos más curiosos del herpes zóster es que los primeros síntomas no siempre son evidentes.
Antes de que aparezca la erupción característica, algunas personas pueden experimentar ardor o dolor en una zona específica del cuerpo, sensación de hormigueo, hipersensibilidad en la piel y malestar localizado.
Cuando la enfermedad se manifiesta completamente, suele aparecer una erupción con ampollas agrupadas en un solo lado del cuerpo. Esto ocurre porque el virus se reactiva a lo largo de un nervio específico. Por eso, las lesiones siguen un patrón localizado en lugar de aparecer en todo el cuerpo.
Una complicación que muchos desconocen
En la mayoría de los casos, el herpes zóster evoluciona favorablemente con tratamiento médico. Sin embargo, si no se detecta a tiempo, puede aparecer una complicación llamada neuralgia posherpética.
Se trata de un dolor persistente que puede continuar meses o incluso años después de que la erupción desaparece, afectando la calidad de vida de quienes lo padecen.
¿Es contagioso el herpes zóster?
Una persona con herpes zóster no contagia directamente, pero sí puede transmitir el virus varicela-zóster a alguien que nunca ha tenido varicela o no está vacunado.
En ese caso, la persona expuesta podría desarrollar varicela, no herpes zóster, por ello se recomienda evitar contacto directo con mujeres embarazadas, recién nacidos, personas con sistemas inmunológicos debilitados.
El herpes zóster demuestra que algunas enfermedades pueden permanecer ocultas durante años antes de manifestarse. Por eso, prestar atención a las señales del cuerpo, cuidar el sistema inmunológico y consultar con profesionales de salud cuando aparecen síntomas inusuales puede marcar una gran diferencia.