Según diversos estudios, estos son los nutrientes que más benefician a nuestro sistema circulatorio:
Vitamina K2: Su función principal es prevenir la acumulación de calcio en las arterias (un proceso conocido como calcificación arterial) y, en cambio, dirigirlo hacia los huesos, donde sea necesario. Al mantener las arterias flexibles y libres de depósitos calcificados, la sangre fluye con mayor facilidad, lo que ayuda a desenredarlas.
Vitamina B3 (Niacina): Es conocida por su potente efecto vasodilatador. Ayuda a dilatar los vasos sanguíneos estrechos, mejorando el flujo y la circulación, especialmente en las extremidades.
Vitamina C: Esencial para la producción de colágeno, una proteína que da estructura y elasticidad a las paredes de arterias y venas, manteniéndolas fuertes y flexibles.
Vitamina E: Actúa como un potente antioxidante, protegiendo las células de los vasos sanguíneos del daño oxidativo y ayudando a prevenir la formación de cóágulos.
Vitamina D: Niveles adecuados de esta vitamina se asocian con una menor rigidez arterial y una mejor función endotelial (la capa interna de los vasos), lo que favorece un flujo sanguíneo más saludable.
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